Pocas veces antes un Gobierno tuvo el nivel de ingresos que registra hoy la gestión de José Alperovich. Pocas veces antes, una administración acumuló tanto dinero por efecto del ahorro fiscal. Este seguramente se convertirá en el mejor año de la relación fiscal entre Tucumán y la Casa Rosada. Aunque la inyección extra de fondos fue una tendencia generalizada en las provincias, José Alperovich se inscribe entre los más mimados por el kirchnerismo. Claro que los $ 120 millones que le quedarán en la caja provincial, después del 31 de diciembre próximo -tal vez sean más recursos-, servirán para iniciar el año de la re-reelección sin contratiempos fiscales.

Esta suerte de bonanza financiera, no obstante, abre una serie de interrogantes sobre la conducta de la gestión para con el dinero que aportan cada uno de los tucumanos, vía impuestos: las tentaciones a incrementar el gasto con fines electorales. En el Gobierno juran de que no se saldrán de la raya porque hay que armar el esquema de gestión para el tercer mandato de Alperovich como gobernador.

Si de tentaciones se habla, los fondos frescos que quedarían de este ejercicio fiscal superavitario serían una suerte de llave hacia la autonomía política del alperovichismo respecto de la Rosada. Por la plata baila el mono, dicen en la calle. Alperovich lo sabe. Sólo con plata en el bolsillo se ganan elecciones.